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¿Aumentar el salario mínimo destruye empleo? Depende del mercado laboral
El impacto de una subida del salario mínimo varía según la concentración del mercado de trabajo.
Por José Azar
El impacto económico de subir el salario mínimo sigue generando debate. ¿Destruye empleos? Aunque algunos economistas lo daban por hecho, estudios previos han demostrado que no siempre es así. Pero ¿por qué?
Nuestra investigación, publicada en The Review of Economic Studies, señala que todo depende de la concentración del mercado laboral. Cuando pocas empresas controlan la contratación en un sector, un aumento del salario mínimo puede generar más empleo. En cambio, en mercados con una mayor competencia entre empleadores, el efecto puede ser neutro o tan solo provocar una ligera reducción en las tasas de empleo.
Estos hallazgos pueden tener importantes implicaciones para los responsables políticos, quienes deben tener en cuenta la concentración del mercado laboral al evaluar los posibles efectos sobre el empleo de las políticas del salario mínimo.
El mercado laboral marca la diferencia
Mis coautores y yo examinamos datos empíricos sobre los efectos de los aumentos del salario mínimo en todo Estados Unidos, donde las leyes en esta materia varían según el estado. En concreto, revisamos las ofertas de empleo y los registros salariales de 2010 a 2016 en sectores con una alta concentración de trabajos con un sueldo bajo, como el comercio minorista y la comida rápida.
En los mercados altamente concentrados (con pocos empleadores y muchas personas en busca de empleo), las empresas tienden a ostentar más poder sobre los salarios, lo que lleva a pagar a los trabajadores por debajo de su valor de productividad. En este escenario, subir el salario mínimo –y, por extensión, los sueldos de los trabajadores– no provoca una pérdida de empleo, porque las compañías cuentan con cierto margen de beneficio con el que jugar. Además, un salario mínimo más alto incentiva a más personas a unirse a la fuerza laboral.
Por ejemplo, en las pequeñas localidades donde una sola fábrica o cadena minorista emplea a la mayoría de la población, un salario mínimo más alto puede reducir la rotación de empleados, aumentar la productividad e incluso atraer a más personas a buscar empleo en la zona. En este contexto, el impacto del aumento del salario mínimo sobre el empleo será probablemente positivo; eso sí, hasta cierto punto. Una vez que el salario mínimo alcanza el nivel de la productividad marginal, el efecto positivo puede empezar a disminuir.
Sin embargo, en los mercados laborales menos concentrados (con más empleadores contratando que personas buscando trabajo), el impacto de una subida del salario mínimo tiende a ser menos significativo. Esto se debe a que los empleadores ya están pagando salarios más cercanos a los niveles de productividad de los trabajadores. Cuando el salario mínimo sube, algunas empresas pueden reducir las contrataciones, recortar las horas o ajustar los beneficios para compensar los mayores costes laborales. Pero, aun así, el impacto negativo es pequeño, lo que confirma décadas de investigación según las cuales los aumentos moderados del salario mínimo rara vez conducen a pérdidas generalizadas de empleo.
Implicaciones de la subida del salario mínimo para empresas y reguladores
Entender la concentración del mercado laboral es crucial para las firmas que evalúan el impacto potencial de las políticas de salario mínimo. Las empresas en mercados altamente concentrados pueden descubrir que aumentar los salarios mejora la retención y productividad de los trabajadores, lo que justifica, en última instancia, los mayores costes laborales. En cambio, las empresas en mercados menos concentrados pueden necesitar ser creativas para expandir su fuerza laboral, ya que no dependerá únicamente de los salarios.
Esto significa que un enfoque universal para la regulación del salario mínimo puede generar resultados desiguales para las empresas que operan en contextos diversos. Los gigantes del comercio minorista, por ejemplo, suelen estar presentes tanto en áreas rurales concentradas como en mercados urbanos competitivos. Por lo tanto, los gobiernos locales deberían utilizar datos del mercado laboral para establecer salarios mínimos específicos por región, asegurándose de que la política cumpla sus objetivos sin consecuencias no deseadas.
La subida del salario mínimo va más allá de los números: se trata de entender las dinámicas del mercado que moldean los resultados económicos. Esto también juega un papel fundamental en la lucha contra la desigualdad. Si los responsables políticos ponen el foco en los mercados laborales concentrados, podrán actuar en las áreas donde los trabajadores son más vulnerables a sueldos bajos y escasas oportunidades laborales. Estas medidas no solo pueden elevar los ingresos, sino también impulsar la movilidad económica en comunidades desatendidas.
En el actual debate sobre las políticas de salario mínimo, nuestra investigación ofrece un enfoque clave: no hay una solución única para todos los mercados laborales. Es crucial reconocer y responder a sus diferencias, elaborando políticas que funcionen para las empresas, los trabajadores y la economía en general.
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